jueves, 23 de marzo de 2017

TABLAS DE FRECUENCIA, ESTADISTICA, SOLUCION DE UN PROBLEMA







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El caos de la salud en Colombia

El señor Jaime Arias, exministro de salud y actual presidente de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral –Acemi- alertó al país en la entrevista que le concedió al señor Fernando Londoño en su programa radial, La Hora de la Verdad, el pasado 9 de julio, sobre la parálisis que ya se está presentando en el sector de la salud, ocasionando el cierre de numerosos hospitales por la falta de recursos. Espero no tergiversar sus declaraciones al respecto.
La historia comienza, para Arias, por allá en 1993, cuando se expidió la Ley 100 de tal año para crear el sistema de seguridad social de Colombia. En ese momento tan solo el 20% de los colombianos se beneficiaba del ISS, hoy contribuye o se subsidia el 96%. El sistema funcionó en forma aceptable para una lista de enfermedades sencillas, hasta cuando en 2004 convirtió, una Corte Constitucional inconsecuente la salud en un derecho fundamental.
Hace poco, las mayorías de Santos en el Congreso, también sin consultar con la realidad económica del país, declararon la salud como un derecho absoluto y sin limitaciones para demandar fondos del erario público. Esta ley estatutaria, de exuberante tropicalismo, se aprobó en febrero pasado, y estableció un POS casi infinito, con pretensiones de país rico.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud –OMS- sumaron 530 dólares corrientes en 2014 los gastos en salud y por cabeza de un colombiano, gastos tanto públicos como privados. Los de un inglés, el país reconocido por poseer el mejor sistema de salud del mundo, alcanzaron los 3.600 dólares/año. Un chileno, 1.200 dólares por cabeza/año. Un mexicano, 670 dólares/año. Un estadounidense 9.200 dólares/año. Un peruano, 360 dólares/año.
Estos mismos gastos en salud como porcentaje del PIB fueron para: Colombia 6,8%; Reino Unido 9,1%; Chile 7,7%; México 6,2%; Estados Unidos 17,1%; Perú 5,3%. Conclusión: no debimos instaurar un derecho fundamental y absoluto sin dinero para garantizarlo, en un mundo donde los costos de la tecnología médica avanzada se tornan inalcanzables para los países pobres.



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Morir de hambre en Colombia

Hace tres semanas escribí que 33 niños menores de cinco años habían muerto de hambre este año en Colombia.Desde entonces han muerto 20 más. He seguido semanalmente las cifras del Instituto Nacional de Salud y me reafirmo en lo que dije: el cuadro del hambre y la desnutrición en el país es mucho más grave y complejo que las historias —ya graves y complejas— de las vidas perdidas por la desnutrición evitable en La Guajira.Me propongo actualizar cada viernes el indignante conteo en una coletilla a esta columna y en una infografía en Twitter, confiando en que los datos alienten la reflexión y la acción contra el hambre. Quizá también ayuden a evitar que las vidas en riesgo, o las ya extinguidas, se olviden en medio de la noticia del momento.Los últimos números reiteran que lo de La Guajira es una emergencia creciente. Desde la columna anterior han fallecido por inanición nueve niños y niñas guajiros, incluyendo cinco en Semana Santa, cuando nos enteramos de que un tercio de la comida en Colombia termina desperdiciada en la basura. La participación de La Guajira pasó del 15% al 26% de las muertes de menores por esta causa en el país. Pero también murieron niños en casi todos los demás departamentos. Magdalena, Meta y Tolima se afianzan en los primeros puestos del deshonroso ranking.El escándalo reciente y la discusión pública se han centrado en los menores de edad. Pero el cuadro no queda completo sin mirar lo que pasa con los adultos que pasan hambre y mueren por ello. Me di a la tarea de buscar las cifras, que se pueden extraer de las estadísticas anuales del Dane. No me esperaba lo que encontré. La mayoría de los 1.403 colombianos que fallecieron por hambre en 2015 no eran niños, sino ancianos. No murieron en La Guajira, sino en lugares como Valle del Cauca, Bolívar, Atlántico y Bogotá.Quien sucumbe al hambre tiende a ser una persona mayor de 75 años, perdida entre las rendijas de la memoria de sus familiares y del Estado. El año pasado fallecieron desnutridos 392 mujeres y hombres mayores de 80 años, 146 que contaban entre 75 y 79, y 142 mayores de 90. En otras palabras, 56% de los fallecimientos de este tipo fue de mayores de 75 años.



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LA POBREZA


La CEPAL en su ultimo informe arroja crudas cifras que no mienten la magnitud de la pobreza e indigencia entre niños y adolescentes colombianos es del 45 % (pobres) y un 17 % (indigentes). Si sumamos, tenemos un resultado escalofriante del 62% de los pequeños colombianos no tienen acceso a ninguna esperanza de vida plena y se debaten entre la desnutrición, la insolubilidad y la ignorancia. Comparar números es un ejercicio mucho más aterrador, la CEPAL indica que Uruguay por empleo tiene el 10 % de pobres y el 2% de indigentes entre niños y adolescentes; o Costa Rica un 18% y un 5 % respectivamente.

Así los niños de Colombia tienen un horizonte sin futuro, si las cosas siguen como hasta ahora.



“Colombia tiene el índice más alto de desempleo de América Latina, un mercado laboral regido por la informalidad y sin perspectivas de creación de trabajo para millones de desocupados”

Según el DANE en su informe de Julio del 2002 manifiesta que el índice de desempleo en las siete ciudades principales fue del 15,6% lo que quiere decir que TRES MILLONES SETENTA MIL COLOMBIANOS Y COLOMBIANA NO PERCIBEN UN SOLO PESO DE INGRESO. Y la cosa no queda allí, el 32% de los asalariados no tienen contrato de trabajo ni acceso al sistema de seguridad social. Y de los que aparecen en las cifras con algún ingreso, es decir, la fuerza laboral, el 48% son vendedores callejeros, o son personas que ejecutan trabajos ocasionales frente a un 46% en el resto de América Latina.

El secretario de la CEPAL, al divulgar el informe manifestó que “ningún otro país en el hemisferio alcanza las tasas de desocupación que se presentan en Colombia”. EL CASO ES DRAMATICO.



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Contralorías regionales, las que tienen más riesgo de corrupción

56% de esas entidades del orden departamental se encuentran en nivel alto y muy alto.
En Colombia no desfallecemos en medir el índice de transparencia de las entidades del Estado, como ejercicio de control social que identifica los espacios donde los débiles diseños institucionales le dejan espacio a la corrupción. Los resultados siguen siendo malos, dice Elisabeth Ungar, directora de Transparencia por Colombia.
Las contralorías regionales, cuya misión principal es controlar el manejo eficiente y pulcro de los recursos de los entes territoriales, tienen más alto riesgo de corrupción que sus vigilados. Esa es la conclusión del último informe de Transparencia por Colombia a 28 ciudades capitales, 13 municipios pequeños, 32 gobernaciones y 32 contralorías.
Los resultados resultan preocupantes, más ahora cuando el país intenta caminar hacia la transición y se habla, tras la firma del acuerdo entre el Gobierno y las Farc, de la creación de nuevas instituciones que se encargarán de ejecutar programas para la consecución de la paz en Colombia. Si las que hay no juegan totalmente limpio ¿cómo será las que vienen?
Las cifras del informe son vergonzosas. Las contralorías departamentales obtienen un promedio general de 55 sobre 100. Es decir que el 56% de esas entidades del orden departamental se encuentran en nivel alto y muy alto de riesgo de corrupción. De hecho solo dos contralorías logran un nivel moderado de riesgo, es decir que pasan raspando. Son ellas, Huila y Meta.
Entre tanto, las Gobernaciones lograron una calificación promedio de 59 y los municipios, 57. Unos cuantos puntos por encima de esas contralorías. Pero de nada sirve porque de acuerdo con el estudio, las tres mediciones señalan un alto riesgo de corrupción.
Los resultados de la evaluación muestran una institucionalidad departamental débil y plagada de fallas en el diseño de su proceso de gestión. Esta situación eleva la posibilidad de que la misión de estas entidades no se cumplan y se arriesgue la gestión de los recursos púbicos, explica Elisabeth Ungar, directora de Transparencia por Colombia.
En el caso de las gobernaciones, solo cuatro están en riesgo moderado de corrupción: Antioquia, Santander, Caldas y Meta. Todas las demás están en los niveles medio y alto. Y las peores en el ranking son Putumayo, La Guajira, Caquetá, Guainía, Vaupés y Chocó.
En cuanto a los municipios, Barranquilla y Pereira pasan raspando, mientras que las demás ciudades capitales dejan mucho que desear en sus procesos de transparencia. Los peores son Puerto Carreño, Quibdó, Inírida, Mitú, Sincelejo y Leticia.


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DESEMPLEO EN COLOMBIA.
Para el mes de septiembre de 2016, la tasa de desempleo fue 8,5%, mientras que en el mismo mes del año anterior se ubicó en 9,0%, informó el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), este lunes. 

Durante septiembre de este año, la tasa global de participación fue 64,2%: el año pasado había sido de 64,5%.

La tasa de desempleo en el total de las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue 9,2%
, en septiembre de 2016. 

“La tasa del mes de septiembre para el país es la más baja en 16 años, esto quiere decir que a pesar del complejo escenario internacional, Colombia ha logrado mantener y consolidar una economía con crecimiento y con generación de empleo (...). Refleja que se crearon en el país cerca de 300 mil empleos en el total nacional a lo largo de este último año”,explicó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

Estos resultados contrastados con el el trimestre (julio - septiembre 2016) y año móvil (octubre 2015 – septiembre 2016), indican que la tasa de desempleo para el total nacional se situó en 9,1 % y completa cuatro periodos consecutivos (julio - septiembre) con tasas de un dígito.

La tasa de participación fue de 64,1 % y la de ocupación se ubicó en 58,3 %. Para ese mismo trimestre de 2015, la tasa de desempleo registró 9,0 %, la tasa de participación 64,4 % y la de ocupación 58,6 %.

En el trimestre julio - septiembre de 2016, las ramas que jalonaron la generación de empleo en el total nacional fueron agricultura; comercio, restaurantes y hoteles; actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler e industria manufacturera.

Se debe mencionar que el resultado de este trimestre se encuentra aún determinado por el efecto del paro de transporte de carga en el mes de julio de 2016 en la generación de ocupados.

En la medición de los últimos doce meses móviles (octubre 2015 - septiembre 2016) se destacan 37 periodos consecutivos donde el desempleo mantiene tasa de un dígito al ubicarse en 9,2 %, con una tasa de participación de 64,6 % y de ocupación de 58,7 %. Para el mismo periodo de 2015, la tasa de desempleo se ubicó en 8,9 %, la de participación 64,6 % y la de ocupación 58,8 %.

Por su parte, la tasa de desempleo en las 13 ciudades y Áreas Metropolitanas, en septiembre de 2016, se ubicó en 9,2 %, siendo la más baja de los últimos 16 años para el mismo mes. La tasa global de participación fue de 67,8 % y la de ocupación de 61,5 %. En el mismo mes de 2015, las tasas de desempleo, participación y ocupación fueron de 9,7 %, 67,9 % y 61,3 %, respectivamente.
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